Por Carlos Domingo/Londres

La capitana de la selección española de atletismo necesita descanso. Cuando en 2016 Ruth Beitia tocó el cielo olímpico en Río de Janeiro se cerró un círculo. Un ciclo antes, en los Juegos de Londres, el listón le jugó una mala pasada, fue entonces cuando la cántabra dijo basta. Anunció su retirada. «Quiero hacer cosas que no he podido hacer hasta ahora», confesó en su día. Le duró poco el retiro. Volvió con Ramón Torralbo, su otro 50%, y el resto ya es historia: tres oros continentales consecutivos al aire libre en los tres últimos europeos, uno más bajo techo en Goteborg ‘13 y el subcampeonato de Belgrado’17, un bronce en el campeonato del mundo de Moscú ’13 y otras dos medallas en pista cubierta contando el subcampeonato de Portland este pasado invierno. Y la joya de la corona. Un oro olímpico que nunca se había colgado ninguna atleta española en ninguna disciplina. Cuatro años de auténtico récord.

«Necesito pensar»

El presidente de la Real Federación Española de Atletismo (RFEA), Raúl Chapado, dijo que «se nos está apagando una estrella». Cada uno de los saltos que la plusmarquista española ha realizado desde 2012 se podría considerar como un regalo al aficionado. A Londres llegó con muchas dudas. «Es la primera vez en mucho tiempo que la clasificación será mi final», confesó pocos días antes de debutar en la capital británica. Saltó a la pista concentrada, le tocaba saltar en el grupo B el jueves 10 de agosto a las 19.10h. Eso nunca le ha importado. Superó tres alturas a la primera, sin problema aparente sobre 1,80, 1,85 ni 1,89. Entonces el listón subió a 1,92.

Esa altura se convirtió en su lastre en Londres. Dos nulos… y lo pasó raspado a la tercera. Servía. No tirarlo era el objetivo y se consiguió. Con la actuación de sus rivales esa se convirtió en la marca de corte de las doce mejores. Estaba en la final y estaba satisfecha. «Me voy con sensaciones muy positivas para la final», comentó en zona mixta. Fuera se quedaron nombres tan importantes como los de la croata Ana Simic o la italiana Alessia Trost. Precisamente, el estadio se emocionó cuando por los vídeo-marcadores se vio a la española abrazando a una desconsolada Trost. Esto le valió el reconocimiento al Fair Play que recibió de manos del presidente de la IAAF, el británico de Hammersmith Lord Sebastian Coe el último día de competición.

No pudo ser

La incertidumbre era lo que más pesaba a la saltadora en los días y horas previas. En la preparación, había tenido que lidiar con un derrame en la rodilla, un edema en el psoas, un giro vertebral o problemas con su hombro en el salto. Todo esto ha derivado en diferentes cambios técnicos sobre la marcha. Una temporada muy complicada en la que no ha tenido más remedio que saber adaptarse.

La eterna capitana nos enseñó el camino de que con talento, pasión y entrenamiento nada es imposible

La final estaba dispuesta para el sábado 12 de agosto a las 19.05h. Calma climatológica en un campeonato de días cambiantes y toda España pendiente de su referente en el vuelo sin motor. Las dos primeras alturas limpias. Los 1,84 y 1,88 fueron sencillos. La complicación llegó en el maldito 1,92. Ese fue su tope esta vez. «Me he visto mal, he intentado correr más, he intentado subir más vertical… en el último salto me he tropezado», explicó en un análisis de sus tres intentos sobre esta altura así de rotundo. «La sensación ha sido como el sentir que no era yo», significó. Autocrítica, exigente siempre, reconoció que «este no ha sido el final que esperaba para Londres».

«Este ha sido mi último Mundial»

Parece que esta vez va en serio. Nadie de los presentes en la capital británica puede asegurar que esta haya sido la última competición de Ruth Beitia, pero sin duda esa intuición se ha quedado en la opinión colectiva hasta tener más noticias. Repitió hasta la saciedad un «necesito descansar… y pensar». Renuncia a lo que resta de temporada donde aún le faltaban varios mítines de la Diamond League por disputar. «He decidido que me voy de vacaciones por primera vez en mucho tiempo en agosto y después pensaré qué hacemos», subrayó clara y directa.

Ocho campeonatos del Mundo y seis finales después éste ha sido el de su despedida. Eso sí lo aseguró, ya que «aguantar dos años más (Doha 2019) es imposible». La próxima temporada también hay campeonato del mundo, pero será en pista cubierta, no tiene claro si competirá en Birmingham, no tiene claro siquiera que vaya a seguir compitiendo, cualquier decisión que tome será la correcta. Emocionada se marchó Beitia de la que tal vez ha podido ser su última visita a una zona mixta en competición internacional, pero siempre podremos decir sin miedo a equivocarnos que la eterna capitana nos enseñó el camino de que con talento, pasión y entrenamiento nada es imposible.

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