La atleta de Xàtiva, que lleva entrenando con su padre desde los ocho años, acaba de batir el récord autonómico de media maratón y no dará el salto a los 42,195 km hasta dentro de uno o dos años
ATLETISMO
Por Fernando Miñana..- Ramón Ureña, el padre de María Ureña, la flamante plusmarquista de medio maratón de la Comunitat Valenciana, ha sido uno de esos hombres de club que siempre ha trabajado en la sombra. Un amante del atletismo que de joven corría los 3.000 metros obstáculos en los Campeonatos de España para militares. Luego se involucró en el Club d’Atletisme Xàtiva -fundado en 1973-, donde ha sido presidente, vicepresidente y director técnico, y cuando su hija cumplió los ocho años, después de inculcarle que lo importante era que hiciera deporte, cualquier deporte, le propuso probar con el atletismo. La pequeña María empezó en las carreras populares de la comarca y le gustó eso de volver a casa con una medalla o una pequeña copa. Veintiún años después ha batido el récord autonómico de medio maratón (1:11.31) por 24 segundos.
Después de la carrera, cogió el teléfono y le mandó un mensaje a Laura Méndez, la anterior plusmarquista, toda una maratoniana olímpica, y le dijo que era un honor sucederla. “Le puse que era un orgullo haber batido un récord de cuando ella estaba a su nivel más alto porque Laura ha sido un referente para mí. Ella me contestó que era un placer que lo tuviera yo después de tres años y que se alegraba por mí. Laura Méndez nos marcó el camino a las fondistas más jóvenes que veníamos por detrás y yo siempre me he visto reflejada en ella”.
Tanto Laura Méndez como María Ureña batieron el récord de medio maratón en Valencia. El objetivo de la setabense, en principio, era más modesto: mejorar su marca personal (1:12.41). Por eso le mandó a su liebre, Artur Bossy, ir a un ritmo de 3.26 el kilómetro. Aunque unas horas antes alguien le habló de este récord y se le quedó en la cabeza que, en realidad, tampoco estaba tan lejos. “Salí con los pies en el suelo porque los test de lactatos me decían que tenía que correr entre 3.25 y 3.26 para hacer una hora y doce minutos. Pero en el kilómetro 14, Artur me preguntó: ¿Vas bien? Le dije que sí y a partir de ahí marcamos cada kilómetro a 3.20 o 3.21. Yo no era consciente del ritmo al que iba, pero cuando quedaban 300 metros miré el cronómetro y vi 1:10.29, hice el cálculo, vi que solo me faltaba un minuto y entonces entendí que iba a batirlo holgadamente. Antes pensaba que iba más justa. Artur empezó a gritarme que lo tenía y fue un subidón”.
La marca, 70 segundos mejor que su anterior tope, hizo que afloraran muchos sentimientos. Ahí, paladeando un tiempo que hace no mucho te abría las puertas de los campeonatos internacionales, se acordó de aquella niña a la que su padre fue conduciendo hacia el atletismo con mucha paciencia. Nunca tuvieron prisa. Pero María Ureña fue creciendo como atleta. Primero en el ámbito provincial y después, ya como cadete, nacional con una medalla en un Campeonato de España de 3.000.
Ramón Ureña intentó que su hija probara con los obstáculos, pero María veía la ría, aquella caída, y se negaba. Por eso se centró en el fondo y, con el paso del tiempo, fue subiendo de distancia hasta llegar al medio maratón. Queda el último paso. La última transformación hasta convertirse en maratoniana, pero sigue sin tener prisa. Le da igual cumplir los 30 en 20 días. Quiere sentar bien las bases para alcanzar la mejor versión posible de ella misma en uno o dos años. Antes, siempre guiada por su padre, que es su entrenador, sumó a una segunda persona, Vicent Torres, que potenció el área de la fisiología en su preparación.
El atletismo evoluciona y ni el entrenador ni ella quisieron quedarse atrás. “Hay que actualizarse, y por eso introdujimos esta figura para medirme los lácticos, trabajar bien las zonas y especificar mejor los ritmos. Este año hablamos para afinar más aún la preparación a partir de agosto y diseñar la mejor sesión posible para cada día. Nunca he estado estancada, siempre he ido mejorando, pero hacía falta alguien como Vicent”.
Su crecimiento no ha sido sencillo. María Ureña no vive del atletismo y cada día tiene que ir a trabajar. Su suerte la encontró en el Ayuntamiento de Enguera, donde trabaja a media jornada en la mejora de la actividad física de esta población. Este cambio ha permitido a la atleta del Cárnicas Serrano pasar de jornadas de ocho horas a otras de cuatro y un par de viajes de 15 minutos. El resto del día lo tiene para seguir construyendo a la maratoniana del futuro, y también para preparar a los corredores y deportistas que tiene a su cargo en otra de sus tareas.
María Ureña se levanta todos los días a las siete en punto. Sale a correr 10 kilómetros en ayunas, después se va a trabajar y por la tarde, a partir de las seis y media, se emplea en potenciar la fuerza o en hacer algún entrenamiento de calidad. Solo descansa un día cada tres semanas. Y ahora ya está pensando en el Campeonato de España de cross por clubes y en la carrera de su pueblo, la Pujada al Castell, en Xàtiva, que este año, el día 19, cumple su 40 aniversario. Ureña presume de tener el récord dede el año pasado.
La gloria del domingo no duró mucho: comer, pasar la tarde, irse a dormir a las once y, a la mañana siguiente, a trabajar otra vez. Cada vez que se levanta de la silla nota las agujetas en los gemelos y los cuádriceps. Un dolor que también trae el recuerdo de su gran actuación en Valencia. Pero no tardará en volver a Les Pereres, a la pista en la que entró aquella niña de ocho años y de la que no ha salido todavía. O los rodajes con los corredores de La Vespa de Novetlè, aquellos que la rescataron de rodar sola cuando empezó a meter kilómetros para el medio maratón. Ellos volverán a ser vitales cuando dé el salto a la distancia mítica.
“No le tengo miedo. Yo creo que va a ser una distancia en la que me voy a encontrar muy cómoda, pero sí que quiero debutar en condiciones de hacer una buena marca. Pero antes quiero terminar de pulirme en las distancias inferiores”. María Ureña no lo sabe, pero el récord de la Comunitat Valenciana ya tiene 30 años, desde que Mónica Pont -hoy la representante de Rodrigue Kwizera, que lógicamente también batió el récord autonómico al acabar en 58.03 en Valencia- corriera en 2:27.53 (en Osaka) en 1996.












