BÁDMINTON | SE RETIRA UNA LEYENDA DEL DEPORTE | TRIBUNA ABIERTA
Por Rafa Gandía.- Carolina Marín ha anunciado su retirada. La lesión que le impidió ser, por segunda vez, medallista olímpica, le ha obligado a cerrar una trayectoria inmaculada para el deporte español. Y lo ha hecho a las puertas de tener la posibilidad de terminar a lo grande en su casa, en el pabellón que desde hace ya años lleva su nombre, delante de su querida gente de Huelva.
Pero la vida a veces es cruel y con Caro lo ha sido en algunas ocasiones. Pero de la misma manera, también le ha dado la oportunidad de ser referente, pero no únicamente en lo deportivo, también en lo personal. Y es que la onubense se ha ganado el cariño de los españoles, pese a hacerles perder sueño en sus triunfales giras asiáticas o cuando en Río de Janeiro, con apenas 23 años, se colgaba una histórica medalla de oro olímpica.
Recuerdo cuando te conocí en aquel estudio de Radio Marca en Madrid. Llevabas ese chándal (hoy puedo decirte que era horrible) y creo que ni te habías peinado para llegar a la entrevista recién salida de tu enésimo entrenamiento de la semana. Aquel día entendí lo que vino después, ya que con apenas 16 años, hablabas con una confianza digna de lo que has sido posteriormente, toda una leyenda. Y no fui únicamente el que abrió los ojos ante la fuerza y confianza que transmitías, Miki Oca, todo un referente y presente en aquella ocasión, no hizo más que confirmar mis pensamientos.
Desde allí, la vida nos fue acercando en lo personal. Te escuché mucho, Caro y comprendí rápido lo que había dentro de ti. Una persona sencilla, que pese al poder que transmitías tenías tus miedos dentro. Un ser cercano y más próximo a ser la verdadera «princesa del pueblo» que otra cosa. De ahí salió aquello de llamarte «princesa», que como casi todas que comparten tu rango, acabó por convertirse en reina.
Reina a base de ser el azote de las jugadoras orientales que, hasta aquel momento, eran dictadoras en lo que a subirse al podio de los eventos internacionales de bádminton se refiere.
Y llegó Brasil y aquella presea dorada que tan feliz nos hizo, no únicamente a ti, también a todos los que estábamos cerca tuyo. Aquella media hora juntos, sin nadie alrededor salvo aquel periodista japonés que inmortalizó en forma de foto el momento y que desde entonces alumbra a diario el salón de mi casa, se me ha quedado para siempre en la retina.
Pero hablar de lo que eres en lo deportivo es sencillo. Cabe con mirar la hoja de servicios que dejas y en el legado en forma de acercar tu deporte y tus valores a todo un país.
Hoy quiero pensar en ti en lo personal, cuando con ese acento andaluz me llamabas «Rafita» y buscábamos rápido un momento para hacernos otra foto más para nuestra enorme colección. La Caro de las conversaciones durante la pandemia o la que tuvo que superar el golpe de perder a un padre. La que superaba las lesiones del corazón, que para alguien con tus virtudes, son siempre más difíciles de superar que las físicas. La que quería conocer a su ídolo a toda costa, Rafa Nadal, al cual muchas veces me has recordado por esa cabeza y ese espíritu constante de superación.
Ahora llega otro período en la vida, el de pensar en otras cosas, el de disfrutar de lo vivido y lo que queda por vivir. El de bailar flamenco o el de ir a conciertos de tu querido Manu Carrasco. El de tener tiempo, entre otras cosas, para echar la mirada atrás y llegar a entender con precisión todo lo que has hecho y lo que has sembrado para las futuras generaciones.













