JUEGOS PARALÍMPICOS DE INVIERNO MILÁN-CORTINA 2026 | EQUIPO ESPAÑOL
David Ramiro/EFE (Cortina d’Ampezzo).- La llama paralímpica de los Juegos de invierno de Milán Cortina dijo ‘ciao, ciao’ y se apagó con la recreación de una postal invernal en el corazón de los Dolomitas, en lo que fue una celebración especial de la diversidad en el cincuenta aniversario de la primera edición en Örnsköldsvik (Suecia), en 1976.
La gala, con el título de ‘Italian souvenir’ y dirigida por Angelo Bonello y Francesco Paolo Conticello, fue una amalgama de luz, color y mucho baile, como el que abrió la ceremonia a cargo de Dergin Tokmak, un artista solista del Cirque du Soleil que quiso transmitir los valores paralímpicos con la energía y el espíritu de un atleta.
Su actuación transformó la fragilidad en lenguaje teatral, la diferencia en belleza y la verdad en narrativa, en un símbolo de la humanidad como es caer, resistir y levantarse de nuevo, convirtiendo las limitaciones en logros y la vulnerabilidad en una fuerza que brilla con luz propia.
La bandera italiana, llevada por seis atletas hasta el escenario, donde fue izada mientras Arisa interpretó ‘Il canto degli italiani’, fue uno de los momentos más emocionantes de una gala en la que también tuvo protagonismo Francesca Formisano, ‘Formisanoff’, que con su violonchelo quiso transportar a los espectadores desde la cima de una montaña hasta el paisaje invernal de los Dolomitas en un viaje visual y sonoro.
El tradicional desfile de los países vertebró la mitad de la ceremonia y quedó un poco empañado por la ausencia de la delegación ucraniana, que no quiso participar en señal de protesta por la decisión de permitir competir en los Juegos a los deportistas rusos y bielorrusos bajo su bandera. Tampoco estuvieron, por diferentes motivos, los representantes de Armenia, República Checa, El Salvador, Estonia, Kazajistán, Lituania, Uzbekistán e Islandia.
La segunda parte de la ceremonia se centró en el poder de la música y su capacidad para transformar en energía el estadio del Centro de Curling de Cortina d’Ampezzo. Lo hizo a través de una montaña que ocupó el centro del escenario y a la que se dirigieron varios artistas, cada uno llevando un cubo que se transformó en hielo, nieve, un sendero, un refugio o un pueblo.
Una postal de Cortina que despidió a los deportistas y turistas llegados de todas las partes del mundo para alimentar sueños, superar miedos y celebrar victorias, cada una la suya en función de sus capacidades. Un paisaje extraordinario, típicamente italiano, destinado a permanecer para siempre grabado en los corazones y en la memoria de todos los asistentes. Así lo quiso reflejar el escenógrafo Fabio Antinori.
La parte más institucional llegó con los discursos, siendo el primero el de Giovanni Malago, presidente de Milán Cortina 2026: «La llama de estos Juegos arde con fuerza como un faro de unidad en un mundo amenazado por la oscuridad y la división».
Después tomó la palabra el brasileño Andrew Parsons, presidente del Comité Paralímpico Internacional, que se mostró contento por una edición que, a su juicio, fue «un éxito sin precedentes».
«Han sido los más grandes y hermosos, con más atletas, más naciones, más mujeres y más cobertura televisiva y digital a nivel mundial que nunca. Desde Milán, la capital de la moda, hasta las magníficas cumbres alpinas de Val di Fiemme y Cortina d’Ampezzo, hemos sido testigos de momentos deportivos extraordinarios que han hecho algo más que ganar medallas. Han conquistado corazones, cambiado actitudes y desafiado prejuicios», dijo.
«Estos Juegos han ofrecido algo poderoso y renovador, la prueba de que el deporte puede unirnos a través del respeto, la equidad y los logros humanos. El legado de Milán Cortina ya está tomando forma. La inversión en accesibilidad e infraestructuras beneficiará a las generaciones venideras. Sin embargo, quizá el mayor legado de estos Juegos sea el cambio de percepción que han propiciado los atletas paralímpicos», comentó.
Posteriormente, los alcaldes de Milán y Cortina d’Ampezzo, Giuseppe Sala y Gianluca Lorenzi, entregaron la bandera paralímpica a Andrew Parsons, que se la dio a los presidentes de las regiones de Provenza-Alpes-Costa Azul y Auvernia-Ródano-Alpes, Renaud Muselier y Fabrice Pannekoucke. Fue entonces cuando se vio una secuencia de vídeo de la siguiente sede y se escuchó La Marsellesa mientras se izó la bandera de Francia con la orquestación de Thomas Roussel y las percusiones de Veeko.
La música, las luces y las imágenes se unieron para crear una experiencia inmersiva y emocionante que tuvo su colofón final con la actuación de la banda italiana de Planet Funk. El último recuerdo antes de apagarse la llama paralímpica. Ciao, Cortina.













