La presidenta del Club Templo de Taekwondo repasó su trayectoria deportiva y sus vivencias
TAEKWONDO
Por María Abad.- Estefanía Almela preside e impulsa el Club Deportivo El Templo de Taekwondo, uno de los más importantes de la Comunidad Valenciana, y fue una de las primeras mujeres en dirigir un club de esta disciplina en la región. Su historia es un ejemplo de superación y resiliencia, marcada por títulos, lesiones y un diagnóstico cardíaco que parecía cerrarle las puertas del tapiz.
Encontró en sus alumnos la fuerza para seguir compitiendo. “Fue también el impulso que muchos de mis alumnos me daban, porque para ellos era una referente”, recalca.
Una niña con sueños
Todo comenzó muy pronto. De pequeña solo veía artes marciales por televisión, hasta que una exhibición en Turís, su pueblo, le puso ante su mirada lo que se convertiría en su pasión. Tras ver una competición de taekwondo, lo tuvo claro: “Me enamoré de ese deporte”.
A los 12 años empezó a competir y a ganar prácticamente todo: “Gané a gente con mucha más experiencia que yo”. Pasó tres años becada en el centro de tecnificación deportiva de Cheste y otros seis con una beca de la Federación Española en el CAR de Barcelona. Esa etapa fue, admite, “una gran experiencia, pero también un sufrimiento”. Una lesión en los gemelos la acompañó durante casi ocho años, con seis operaciones, a las que se sumaron otras dos al volver a Valencia. “Supe seguir compitiendo con esa lesión, arrastrándola en silencio”, explica.
Su regreso a Valencia también estuvo vinculado al Proyecto FER, una iniciativa que apuesta por el talento de los deportistas con retos en el marco olímpico o paralímpico. Almela destaca la importancia que tuvo este apoyo en su trayectoria, ya que, después de pasar por un centro de alto rendimiento, para poder continuar desarrollándose como deportista, fue fundamental.
Caer y volver a resurgir
En 2019, tras un diagnóstico familiar, le revelaron que ella tenía una coartación de aorta, congénita y asintomática. Se sometió a una intervención que solo realizan cinco hospitales en España. Luego afrontó una larga recuperación, diversas pruebas y la constatación de si podría o no volver a hacer deporte. En 2021, con 33 años, se proclamó subcampeona de España absoluta. “Fue una bomba; sentir otra vez esa adrenalina”, asegura.
Su gran proyecto es el Club El Templo, que fundó en 2015, cuando tenía 27 años. De aquella cantera han salido deportistas autonómicos, nacionales e internacionales, como Rocío Anahi, plata en el Europeo cadete; Iván Albert, que participó en el Mundial júnior y en el Europeo de pesos olímpicos; Alejandra del Amo, en el Mundial y el Europeo cadete, o la también cadete Lucía Pérez, bronce en el Europeo y quinta en el Mundial. “Es muy complicado llegar ahí, España tiene mucho nivel y en poco tiempo hemos logrado resultados internacionales”, subraya.
Almela presume de los chavales que “reúnen unos valores como equipo únicos” y de un hito: el Templo fue uno de los primeros clubes de la Comunidad Valenciana dirigido por una mujer. “Por no decir el primero”, matiza.
En el tapiz, “la igualdad es total, se compite por peso y con las mismas condiciones”, afirma. La diferencia estaba en los banquillos, donde nadie esperaba a una mujer. “Cuando entraban siempre buscaban al entrenador y yo decía: soy yo la entrenadora”, recuerda.
Detrás hay un equipo multidisciplinar. Almela ha querido que sus deportistas dispongan de los recursos necesarios para alcanzar el máximo nivel sin tener que abandonar su entorno familiar. El club cuenta en el área de preparación física con Zulema Díaz y Batiste Lasa; con la psicóloga Ana Corrales; el departamento de biomecánica está dirigido por José; y el área de nutrición, a cargo de Marina Gil. En el equipo técnico, Estefanía Almela y Andrea Diéguez trabajan en combate, mientras que Samuel Solaz se encarga de la técnica.
“He querido aportar todos los recursos necesarios para que los deportistas puedan llegar a la élite sin necesidad de irse de sus casas”, explica. Para ella, este modelo también permite que los jóvenes puedan disfrutar de más momentos con sus familias, algo que, por las exigencias del deporte de alto nivel, muchas veces tienen que sacrificar.
Un Open en casa
El XIV Open Internacional de la Comunidad Valenciana se disputó durante el puente, del 9 al 12 de octubre. El Templo sumó en combate cinco oros, cuatro platas y nueve bronces, y en poomsae, un oro y tres bronces.
Sobre el taekwondo femenino, señala que siempre ha tenido “mucho nivel y muy buena representación femenina”. Cita a Brigitte Yagüe, plata en Londres 2012; Eva Calvo, plata en Río 2016; y Adriana Cerezo, plata en Tokio 2020. Esta última continúa siendo una de las grandes referentes para las nuevas generaciones, junto a Violeta Díaz, deportista valenciana vinculada al Proyecto FER.
Díaz está consiguiendo importantes resultados internacionales. Almela destaca su proyección y el orgullo que supone contar con una deportista de su nivel en la Comunidad Valenciana. Además, señala que, en el último campeonato, fue la única integrante del equipo femenino que consiguió una medalla, un resultado que pone de relieve su talento y su importancia para el taekwondo valenciano.
Para las niñas, el taekwondo aporta mucho más que técnica. “Valores como la resiliencia, el sacrificio, el esfuerzo, la constancia”, enumera. Contar con referentes femeninos como Cerezo y Díaz permite que las más jóvenes encuentren ejemplos cercanos en los que inspirarse y vean que también pueden llegar a lo más alto.
Ser presidenta e impulsora del Templo es “un orgullo”. “Me levanto todos los días con una motivación y con muchas ganas de trabajar”, explica. Y añade: “No sueño sola. Estos chavales y chavalas han levantado el Club tanto como yo”.












