TRIBUNA ABIERTA
Por Paula Fernández-Cid Carrión.- Es una realidad común en la etapa adolescente experimentar días de pereza profunda en los que la falta de motivación dificulta incluso el hecho de salir de la cama. Cuando ocurre esto, a menudo se etiqueta de forma errónea como pereza o falta de voluntad, ya que suele esconder una carga emocional que va más allá de la “pereza”.
En primer lugar, es fundamental identificar que las emociones son factores que afectan el rendimiento diario y la salud física. Por ello, cuando se asocia el desánimo con la «vagancia» es una interpretación muy egoísta que ignora la realidad psicológica de muchos jóvenes.
Cuando la falta de energía se convierte en una rutina, deja de ser un momento puntual para pasar a ser un problema real que requiere ayuda. Sin embargo, el sistema social actual tiende a priorizar la productividad por encima del bienestar.
Frente a esto, cabe argumentar que pedir ayuda no debe verse como una señal de debilidad o un intento de llamar la atención, sino como un acto de madurez y fortaleza. Aprender a transitar los momentos más vulnerables, de hecho, permite disfrutar de los momentos buenos al máximo.
En conclusión, la vida académica y personal no debería reducirse a un examen suspenso o un disgusto. Es necesario normalizar el descanso y la búsqueda de apoyo profesional o social sin sentimiento de culpa. Priorizar la salud emocional y permitirse días de pausa no es perder el tiempo; es la estrategia perfecta y necesaria para afrontar el futuro con más ganas.










