Convicción por el deporte femenino
 

Un Equipo Olímpico que merece, al menos, tres medallas

El magnífico trabajo de López Vázquez y la buena gestión de Casanueva serán garantía en Tokio

OPINIÓN | VELA EQUIPO OLÍMPICO

Por Pedro Sardina

A menos de dos meses para el comienzo de los Juegos Olímpicos de Tokio, el Equipo Olímpico Español está ultimando su viaje al país nipón. Tras cinco años de aventuras y desventuras, el equipo está preparado para dar la talla. No ha sido fácil el camino con un comienzo desastroso en un equipo con una cúpula muy perdida y en la que nadie creía. Julia Casanueva dio un puñetazo en la mesa y tomó una decisión muy importante para enderezar el desaguisado que entre directivos con más afán de protagonismo que los deportistas y la cúpula técnica habían provocado.

Se veía venir y el primero que cayó fue Asier Fernández de Bobadilla, que llegó de la mano de Chimo González Devesa y con la mala idea de intentar llevarse al Equipo Preolímpico, o al menos, a alguno de sus integrantes, a entrenarse a las Baleares teniendo el CEAR de Santander ya montado, preparado y con la experiencia suficiente para acoger a los regatistas.
Este cese fulminante se llevó por delante a Chimo González Devesa como Vicepresidente Deportivo, lo que posibilitó que Julia Casanueva colocara al frente de la dirección técnica del Equipo Olímpico a Santi López Vázquez, uno de los entrenadores más completos que tiene España en estos momentos.

El equipo comenzó a funcionar y se unió en una piña en torno a Casanueva en un gran gesto de aprobación de la medida que había tomado. Cuando ocurrió esto, España solo tenía clasificadas tres clases. Comenzaron a llegar los resultados y a la postre la consecución, poco a poco, del logro de tener a las diez clases olímpicas clasificadas para los Juegos.

Nunca antes había costado tanto porque nunca antes había arrancado la clasificación con tan mala organización, pero Santi López Vázquez obró el milagro y con unos buenos mimbres, los mismos que tuvo Asier, fue clasificando a España en las siguientes clases hasta llegar a la última, el Finn, que desgraciadamente quieren quitar como clase olímpica de cara a París 2024.

Julia Casanueva ha cometido errores, sí, pero ha confiado en ella misma y se ha quitado de la espalda una mochila que le cargaba su gestión. Ella sola, sin necesidad de ningún directivo que hiciera y deshiciera ha llevado a España hasta los Juegos del país del Sol Naciente. Ya no es la presidenta de la Federación, pero sin ninguna duda todos los éxitos o las derrotas que se traigan de Tokio serán gracias a una muy buena gestión realizada por todos sus peones en el CEAR de Santander.

España, si no pasa nada raro, debería traerse tres o cuatro medallas y muchos diplomas porque se ha trabajado bien, con cabeza y sin presión política hacia los regatistas. Nos vemos a partir del 23 de julio en Enoshima.

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