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‘Gipsy’, mensaje en una botella

Nació de las astillas del buque escuela Juan Sebastián Elcano

VELA CRUCERO/EPOCA

Antaño, cuando pasaba el tiempo, lo antiguo y obsoleto se despreciaba y en la mayoría de los casos se elimina, con el devenir de los tiempos, esta prácticas llegaron a su fin porque los antiguo siempre tiene una componente que adecuándose a los tiempos actuales en la mayoría de los casos tiene una parte positiva que es muy aprovechable y sobre todo aconsejable.

Esto es lo que ha hecho la Fundación Vela Clásica Española, ha unido la tradición del ketch Gipsy a la innovación con su novedosa fuente de financiación, con el lanzamiento de una ginebra, la 1927 Gipsy Gin, de cuya cuentas anuales sale parte de la financiación de la fundación, casualmente, el buque insignia de FVCE y la ginebra tienen el mismo nombre, esta es la apasionante y novelesca historia del Gipsy.

En 1927 el buque escuela Juan Sebastián de Elcano, construcción número 15 de los entonces astilleros gaditanos de Echevarrieta y Larriñaga, después Astilleros Españoles y ahora Navantia. Acaba de botarse y de inmediato, con sus retales, comienza la construcción de un nuevo velero, la número 16, al que iban a denominar “Marinchu”, este velero ketch cangreja, tenía como propietario a uno de los propietarios del astillero, Horacio Echevarrieta, un gran empresario vasco, afincado en Cadiz, propietario de muchas empresas y entre otros fundador de la compañía aérea Iberia. El Juan Sebastián de Elcano, fue un proyecto de los arquitectos británicos Camper & Nicholson y construido por encargo de la dictadura de Primo de Rivera, y su nombre inicial era el de Minerva, pero fue a indicaciones de Echevarrieta, quien sugirió a Primo de Rivera el nombre del insigne marino vasco, dejando la referencia a la diosa griega el mascarón de proa del bergantín goleta español.

El Gipsy está asignado su diseño al inglés Colín Archer, aunque la realidad es que los planos desaparecieron el pavoroso incendio que destruyó los astilleros en la explosión ocurrida en Cadiz el 18 de agosto de 1947, al explotar el polvorín donde la armada tenía almacenada miles de minas y cargas de profundidad, enclavado casi en el centro de la ciudad destrozando todos los barrios periféricos colindantes que la onda expansiva encontró a su paso. Puede ser que en el diseño del Marinchu, que no sigue las líneas básicas de Archer que los han hecho famosos, tuvieran algo que ver el por aquella época director del astillero Juan A. Aldecoa o el propio Echevarrieta dada sus buenas relaciones con la industria naval alemana de la época.

Lo cierto es que el Marinchu, se construyó entre 1927 y 28 y tuvo un coste de 80.000 pesetas de la época. Cuando finalizó la construcción y sin botar, se embarcó en el Cabo Roche de la compañía Ybarra con destino a Bilbao, donde tras su botadura se utilizó para las navegaciones de verano de su propietario. Por aquellos años Echevarrieta había adquirido una goleta de 50 metros, que bautizó con el nombre de Maria del Carmen Ana, el antiguo barco del Káiser llamado Meteor IV, con el que Horacio Echevarrieta ganó la primera edición de la regata Plymouth – Santander disputada en 1929.

El “Marinchu” poseía unos adelantos técnicos muy poco comunes en barcos deportivos de su mismo tipo en aquella época. Como poseer un motor auxiliar, interiores habitables, equipo de radiocomunicación con la costa, etc.

En 1924, Horacio Echevarrieta abrumado por las deudas, vende el Marinchu a dos socios, el noruego Olle Loevick y el español Enrique Hortet, que trasladan el barco a Barcelona y lo rebautizan como “Gipsy”. -comienza la leyenda-. En 1936 estalla la guerra civil española y el general Mola crea un servicio de espionaje denominado SIFNE, del que formaron destacados personajes tanto de la oligarquía, como de la literatura, las ciencias y las letras catalanas. Entre ellos los propietarios del Gipsy, los cuales pusieron a disposición del servicio de información y espionaje recién creado el barco. Se inventan una venta ficticia a un ciudadano inglés y abanderan el Gipsy con la “unión Jack”, y el Gipsy se lanza a la guerra propulsado bien a vela como por el motor auxiliar y con el aparato de radio instalado a bordo funcionando a la perfección. Bajo su “disfraz” de velero, trámite al SIFNE el tráfico de  mercantes que navegaban en el área comprendida entre Marsella, Génova y Cabo La Nao. 

vela, Gipsy
El Mediterráneo es suyo

El Gipsy navega bajo el mando de sus armadores y también de experto regatista de la época, como Pedro Riviere, que además de regatista es jefe de la estación del SIFNE en Marsella, Manuel Arquer y Miguel Sans, todos ellos socios del RCN de Barcelona, en este periodo de “barco espía” el Gipsy fue ametrallado en varias ocasiones y el barco hasta la restauración de 1969 conservaba en su casco y arboladura metralla de esos disparos.

Finalizada la contienda el Gipsy, vuelve a su atraque en los pantalanes del RCN de Barcelona de nuevo bajo pabellón español. Tras unos años de uso y disfrute de la familia Hortet, se vende a Jose Maria Segarra que en 1951 lo vende por 500.000 pesetas a Jose Luis Rubio (conocido como Camisón) y a Estanislao Sevil, que establecen la base del Gipsy en Tarragona. En los años que el Gipsy estuvo en “Tarraco” uno de sus tripulantes habituales fue el por aquel entonces alférez de navío Marcial Sanchez Barcaiztegui, gran impulsor conjuntamente con Eduardo Velarde desde Cádiz de las Comisiones Navales de Regatas de la armada, entidad que llegó más tarde a dirigir desde Mallorca.

Las familias Rubio y Vilar Rubio lo utilizan como crucero. En los 70 se empiezan a celebrar regatas de vela clásica dada el enorme empuje que presenta la flota, tanto en el norte, Trofeo Gitana del RCM y RSC de Bilbao, como en el mediterráneo donde Jose Ramón Bono crea la regata Trofeo Conde de Barcelona. El Gipsy que había recibido una buena cura de rejuvenecimiento en 1969, triunfa en su clase en la primera edición del evento náutico deportivo que congrega en Palma a la élite de la vela clásica española. También lo hace en la primera regata Puig Vela Clásica y en el trofeo Mare Nostrum de 2017 y fue segundo en la Copa del Rey de Clásicos de Mahón. Y hace escasos días en la edición de este año del Trofeo del Club de Mar, fue de nuevo segundo en su clase Época Cangreja.

En 2017 el Gipsy cumplió 90 años y fue homenajeado como toca, y que en el 2027 cumplirá el centenario, hecho este de las que muy pocas embarcaciones pueden alardear e inscribir en su libro de bitácora.

En la actualidad el Gipsy siguen en manos de la familia Rubio, y navega bajo la tutela de la Fundación Vela Clásica de España, de la que digamos es su “barco insignia”, con el incombustible y querido Petete Rubio al frente de este preciso Colín Archer, al que le quedan por delante muchas más millas de navegación, ojala que casi siempre sean con buenos vientos.

Una buena decisión

En la promoción de la ginebra Gipsy, figura la frase “un mensaje en una botella” y casualmente cuando me encontré la botella con el mensaje, leí claramente el mismo, lo clásico y lo moderno van de la mano, la creación de la Fundación Vela Clásica de España, no solo es un acierto sino una buena prueba de ello. Y todavía más el lanzar una marca de ginebra al mercado con el nombre del mítico ketch cangreja Gipsy, para financiarla. Yo creo que como todo en la vida, lo duro es comenzar pero una vez lanzados, los fuertes vientos que soplen de borrascas pasajeras de otras latitudes, desde la FVCE, ya les digo yo que saben navegarlos a la perfección y si os sirve de algo a mí una gran señor de la mar, marinero de profesión, D. Francisco Artola, me dijo en su día, mira Coli aprende que “los vientos que van payá vuelven otra vez pacá”, pues eso.

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