Convicción por el deporte femenino
 

Mari Paz Vilas: Más allá de los goles, la felicidad

Vive abrazada con pasión al fútbol, especializada en eso de hacer fácil el marcar goles con el Valencia y la Selección, pero en este retrato hace un repaso profundo más que a su trayectoria a su vida

 

“De sueños he vivido y los he cumplido”. Tuvo ensoñaciones desde bien pequeña siempre con un balón en los pies —“desde que tengo uso de razón me veo pegando patadas a una pelota”—. Y logró que mucho de eso que rondaba por su cabeza cristalizara en realidades. Mari Paz Vilas Dono (Villagarcía de Arousa, Pontevedra, 1/2/1988) quiso ser futbolista y es futbolista; quiso defender la camiseta de la selección española absoluta y lo hizo y su disposición es de seguir haciéndolo; quiso liberarse de los lastres de otra época en el fútbol femenino, en la que debía mantener el pulso abriéndose camino y ha formado parte de ese cambio y sigue disfrutando de esos avances, no finalizados sin embargo, pero que son pasos importantes, que deben ser respetados y aprovechados por generaciones jóvenes de presente y venideras.

Es habitual que cuando se eleva su nombre se haga referencia a ese don suyo con el gol, ese duende que tiene con lo de dominar esa habilidad especial de golear con una visión pasmosa y rotunda en cantidad y calidad. Ya se sabe: los números, las estadísticas, lo subrayable de quien sabe batir a las porteras. Pudiera servir como muestra la etapa que inició en el Valencia hace ya seis temporadas, después de hacer eso que sabe tan bien por su olfato goleador en otros clubes como el Atlético Arousana, el Levante, el Barcelona o el Español —cuando se escriben estas líneas seguramente el dato quede de inmediato obsoleto—: en las cinco primeras campañas valencianistas acumuló un total de 108 goles oficiales entre liga y Copa; y en el proceso de su sexto ejercicio, por lo pronto, ya lleva seis más (cinco en liga y uno en Copa), alcanzando los 114.

Pero es sencillo e incluso manido eso de contabilizar goles y elevar a una atacante por ese mágica habilidad que comúnmente levanta a los aficionados de sus asientos —por cierto, se siente más completa jugando de 10, aunque sabe que ese don para ser 9 es vital para su equipo—. De modo que la pontevedresa, cercana y tranquila, reposada mientras conversa cruzando la mirada con su interlocutor, cuenta su historia que va más por el camino de las raíces, del recorrido que lleva hecho y aquello que quiere hacer, y de mostrarse en un intento por dibujar cómo es.

 

Mari Paz Vilas

Mari Paz Vilas. Foto: Juan Catlán/VCF

 

Los orígenes

Resuena todavía en su cabeza aquel golpeo al balón siendo una chiquilla en la pared de su casa o en la calle. Y recuerda cómo renegó de aquello de que sus padres apuntasen a su hermano mellizo —Alberto, como le llaman en casa Berto— a fútbol y a ella a baloncesto camino de los siete años. De hecho, se rebeló para poder jugar a lo que realmente quería, pero su aventura duró tan poco como que su padre le dijera que no podía. Inocente, hizo caso. Pero, como confiesa ella misma, es cabezona y perseveró en eso de enrolarse en el fútbol: “Recuerdo que iba al entrenamiento a ver a mi hermano y me quedaba allí en la grada. Hasta que un día le dije que le preguntara a su entrenador si podía entrenar con ellos. Y mi hermano por mí, de siempre, ‘mata’. Preguntó y le dijeron que sí. Enseguida se lo dije a mis padres. Imagino que pensarían: ‘la madre que la parió’. Y entrené la primera vez y el técnico me dijo que me quedaba. Ese mismo fin de semana jugué, me salió bien y me pusieron con los benjamines ya federada. Esos fueron mis inicios. Seguramente es mi época más feliz. Nunca tuve ningún problema con los compañeros. Me aceptaron como una más. Todo muy normal, muy natural. Lo recuerdo todo con felicidad. A lo mejor, en aquellos momentos allí, si había algún comentario en la grada o algo, lo sufrieron más mis padres, aunque nunca se lo pregunté. Era muy inocente”.

Cumple su sexta temporada en el Valencia desde que salió de Villagarcía de Arousa para jugar en el Levante, el Barcelona y el Español

Por entonces jugaba con chicos. Y en su región solo jugaba otra chica —“recuerdo a Miriam, que jugó en el Oviedo y en el Estartit, y digamos que jugaba en el equipo que era rival directo del Arosa”—. Allí, en el equipo de su tierra, donde regresa cuando puede y toma contacto con sus raíces y el reconocimiento es máximo, alargó competir con chicos hasta los catorce años antes de jugar en el equipo femenino. Un par de temporadas destacando, haciendo goles —“mi hermano mayor, Felipe, me dice siempre: ‘desde pequeña has tenido un don para el gol, eres lista para estar en el sitio y hacerlos’—, jugando una promoción de ascenso hasta que el Levante, el gran referente, llamó a su puerta.

De los sueños a las realidades

En ese proceso, Mari Paz siempre soñó con ser futbolista profesional, pero por entonces desconocía que como mujer pudiera llegar, no tenía referentes, no veía a otras niñas jugando, y fantaseaba con jugar en el Dépor y con la selección española. En ese momento revela que, enamorada del fútbol por encima de todas las cosas, en ese empeño de ser futbolista y pensar que como chica no tendría opción, se preguntaba: “Por qué había nacido niña, tenía ese dilema de pequeña. Me lo preguntaba, pero por lo importante que era para mí jugar a fútbol y llegar lejos. Era lo primero”.

Había más niñas compitiendo en otras partes. Y había referentes, entonces invisibles todo sea dicho. Y celebra la cantidad de niñas que juegan a fútbol hoy, los clubes que hay y que siguen emergiendo o apostando por la sección femenina, y la línea ascendente que mantienen y que esas referentes están y se ven. Ella, de hecho, con su recorrido es desde hace años referente para muchas niñas, porque cumplió todos esos sueños que tenía y es futbolista profesional.

Y eso comenzó a fortalecerse decididamente cuando con 17 años, después de una fase de promoción y que le siguieran Atlético y Levante, aunque ella no tuviera más objetivos a corto plazo que disfrutar del fútbol, se sentara con su padre ante la oportunidad que se presentaba y conveniesen que dejaba su casa, se marchaba a mil kilómetros, a Valencia, para jugar con el Levante.

 

Mari Paz Vilas

Mari Paz Vilas. Foto: Eduardo Manzana

 

“No quería irme. Me vino muy de repente. Me dio un miedo importante, porque no había salido de mi casa y se presentaba ese cambio de vida. Pero a la vez que tuve miedo decidí que sí, que me iba. Y soy muy cabezona y cuando digo que hago algo lo hago sin volverme atrás pase lo que pase. La cabeza me decía que sí, pero el corazón que no. Además, dejaba a mi hermano, y era un drama. Lo lloré mucho y mi hermano no se despidió de mí de lo mal que estaba. Lo peor que llevé fue separarme de mi mellizo Berto. Para todo estábamos juntos, seguramente era lo que me hacía que me costara tanto tomar la decisión. Era como si fuera mi pareja. Recuerdo el camino de Galicia a Valencia en coche que fue un drama, eterno, fatal… Pero lo dicho, una vez tomo una decisión voy para adelante”, recuerda la arosana.

Tampoco fue sencillo el adaptarse a esa nueva vida a mil kilómetros de su gente. Recuerda que el primer mes fue durísimo y le costó mucho ubicarse. No tenía problema alguno con sus compañeras, la cosa le venía más de los adentros. Reconoce que se sintió arropada, pero que le costó mucho el primer año: “Eso sí, por mal que estuviera en este sentido, sabía que iba a estar el año sí o sí. Fingía cuando hablaba con mis padres y les decía que todo estaba muy bien. Además, no acabé de encontrarme dentro del equipo el primer año. El salto era abismal. Era el Levante”.

En su palmarés, cuenta una Copa y una Superliga como levantinistas y sendas copas con Barcelona y Español

Encontró oxígeno y un cambio y un creer en sus posibilidades y en pensar en asentarse en Primera División con su actuación y sus goles en Copa de la Reina. Mucho mejor el segundo curso, más tranquila y acoplada. Coincidió entonces con Félix Carballo  —“me marcó en el sentido de que fue el primer entrenador que me lo puso muy difícil, claro, y me ayudó a madurar, y a mí a veces que me pongan las cosas chungas me ayuda, y además me dio la oportunidad de debutar en Primera y de eso estaré siempre agradecida”—. De sus temporadas en el Levante guarda ese paso de la adolescencia, incluso de la niñez, a madurar y afrontar su camino de manera diferente.

Entendió que debía cambiar de etapa, de dar un giro, de buscar nuevas opciones. Pasó luego tres años en el Barcelona. Llegaba en el momento en el que la entidad azulgrana comenzaba a apostar por el femenino. Llegaba para ser una jugadora de peso. Una buena campaña precedió a la que quizás ha sido la más dura vivida por la gallega. Una lesión de cruzados y una temporada fuera: “Lo pasé muy mal porque al final me había ido de mi casa para jugar y no estaba jugando, además estaba lejos, y lo pasé sola ese año. Fue muy duro. Fue otro de esos capítulos vividos que me dieron para crecer y madurar y ver también quién está a tu lado”. Sin muchas opciones en su tercera campaña como barcelonista tras salir de la lesión, decidió dar otro pasó en su carrera. Dos campañas en el Español, donde disfrutó y aprendió con Luis Carrión —“diría que es el entrenador con el que más he aprendido; era más madura y valoraba de otra forma la figura del entrenador y Luis es el que creo que más me ha marcado en positivo”—. Del paso por esos equipos, en su palmarés, guarda una Copa de la Reina con cada club hasta amasar tres y una liga con el Levante.

 

Mari Paz Vilas

Mari Paz Vilas. Foto: Juan Catalán/VCF

 

Inició en 2013 su etapa deportiva más larga en un club. El Valencia reforzaba su proyecto. De un club joven en su sección femenina, que luchaba en la zona baja, a buscar el avance. Y con hechos dio forma a una plantilla solvente y con peso. Mari Paz Vilas fue uno de sus fichajes. Seis cursos lleva en clave valencianista. Lo dicho, 114 goles cuando se escriben estas líneas, siendo la máxima goleadora histórica del Valencia CF Femenino. Y el bonito recuerdo, de momento, del tercer puesto en la 2016-2017 o el agridulce del subcampeonato de Copa de la Reina 2015 —“nadie pensaba que nos podíamos meter en la final y lo hicimos eliminando al Athletic y al Barcelona, pero también fue un palo perder aquella final”—. Y en paralelo el cumplir el gran sueño de jugar con la selección española absoluta. Ignacio Quereda, en un año brillante de la gallega, la dejó fuera del Mundial de 2015, pero Jorge Vilda le abrió las puertas de la Eurocopa 2017. La historia, en todo caso, continúa, porque tiene pasión intacta y sigue siendo feliz con el fútbol y desea sumar otro título en su palmarés con el Valencia, mientras también lucha por estar en el Mundial de Francia 2019 y, ya puestos, tan cerca en realidad, por qué no formar parte de la primera generación femenina de fútbol española en unos Juegos… Tokio 2020. Eso último aún hay que rematarlo.

 

fútbol femenino

Mari Paz con la selección española. Foto: RFEF/SeFútbol

 

Su lado más personal

Y todo su recorrido curte una vida. Confiesa que ha cambiado; que no es la misma. De aquella inocencia a una madurez también personal que ha generado escudos y filtros. Se descubre la arosana y habla de su dualidad: “Siempre digo que está Mari Paz y Mapi. La gente que me conoce dice: ‘Deja a Mapi a un lado y que venga Mari Paz ya’. Tengo un muro, imagino, por todo lo que sufrido, por lo que he pasado; hay muchísimas cosas de mi vida durísimas que nadie sabe… Hay cosas muy personales que se quedan ahí y otras cosas que me han ido pasando con los años que me han ido construyendo como la persona que soy ahora. En el fútbol, tengo muchísimo carácter, soy de risa cuando hay que estar de risa y de seriedad cuando hay que estar seria, soy muy profesional,… Pero enseño una Mapi un poco más superficial, un poco más de cachondeo cuando corresponde y si tengo un problema intento que nadie me lo note. Y la Mari Paz en el terreno más personal… pues me considero buena persona y tengo unos valores que no cambiaría por nada, si digo que no paso por ahí, no paso por ahí. Soy cabezona para lo mío. Y empatizo muchísimo hasta que me duele lo que le pasa a mi gente. Soy de muy poca gente. Estoy más feliz entre poca gente. Me encuentro extraña en un círculo de mucha gente. Con los míos voy a muerte y me gusta la gente transparente, de verdad, que sea alegre, que genera positivismo”.

“Mi peor sentimiento es la decepción: si alguien me decepciona me matas, hazme daño, pero no me decepciones. Obviamente, yo misma habré decepcionado a alguna persona, o habré hecho daño a alguien, tampoco estoy diciendo que sea una santa… Pero si te doy toda mi confianza y me decepcionas, lo pierdes. Puedes recuperarlo quizá con el tiempo. Hay que dar segundas oportunidades”, argumenta Mari Paz, al tiempo que sobre los errores cometidos que “siempre digo: ‘Arrepiéntete de lo que no haces, no de lo que haces’. Cuando haces algo es porque en ese momento crees que es conveniente, si la cagas, la cagaste. Al final, la vida son decisiones. Creo que es más valiente alguien que toma una decisión, que alguien que se queda ahí a ver qué pasa. Nunca me arrepentiré de hacer algo, pero sí he podido seguro fallar a personas. A mi expareja le fallé de forma inconsciente y al tiempo cuando maduré me di cuenta de mis fallos, pero sigue siendo una persona muy importante en mi vida”.

Ante todo, pone en valor a la figura de su mellizo, su otra mitad: “Me han pasado muchas cosas en mi vida —algunas de ellas personales que quedan guardadas y respetadas—. Ni mis padres saben la mitad. Seguramente mi hermano mellizo y una o dos personas más sepan todo de verdad de mí. Mi hermano es especial para mí y siempre soñamos con vivir cerca. A veces le digo: ‘A ver si encuentras un trabajo en Valencia’. Y aunque no nos viéramos en toda la semana, saber que estás ahí cerca”.

Mari Paz o Mapi. De la inocencia a la madurez. De goles y competitividad. De una historia con poso. Y su clave es tan común a las personas como la búsqueda de la felicidad. Y al tiempo seguir caminando hacia retos y objetivos en el fútbol que es pura pasión en su vida. Se mantiene ese fondo: “De sueños he vivido y los he cumplido”.

 

Mari Paz Vilas

Mari Paz Vilas. Foto: Eduardo Manzana

Foto principal: Eduardo Manzana
Escrito por

Raúl Cosín es el editor y administrador de Visibilitas en la búsqueda con convicción de la mayor visibilidad del deporte femenino. Anteriormente estuvo camino de una década en la sección de Deportes de ABC como responsable en la Comunidad Valenciana. Twitter: @raulcosin

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